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Javier Marías y Pérez-Reverte: toma ya

Esto hay que leerlo. Y yo que tenía a Javier por suave… algunos fragmentos (las negritas son mías):

[...] no sin un dejo de preocupación por nosotros mismos, nos fuimos fijando en las transeúntes hasta la Plaza Mayor, donde nos despedimos, constatando más bien nuestra inicial impresión pesimista, a saber: que la mayoría de las mujeres de hoy no saben vestir, ni andar, ni llevar tacones, ni sugerir (no al menos como las de nuestra infancia), o que sí saben y nosotros no se lo apreciamos[...]

[...] todo el mundo es muy libre -ya lo padecemos, sobre todo en verano- de salir a la calle como le venga en gana. Pero todo el mundo es igualmente libre de fijarse en los viandantes y opinar sobre ellos [...]

Basta de hipocresías y dengues. Las mujeres hacen los mismos comentarios sobre los hombres con quienes se cruzan, y por supuesto hay decenas de anuncios en los que los varones aparecen como “objetos” o son despellejados por ellas sin que nadie proteste [...], mientras que se pone el grito feminista en el cielo cada vez que esos papeles se invierten. A los hombres heterosexuales se nos van más las antenas hacia las mujeres, nos fijamos más y más opinamos. Eso es lo que hicimos el Capitán y yo durante nuestra passeggiata veraniega: lo mismo que todo el mundo, sea varón o hembra. Pero a tenor de la desatada furia contra mi colega, se diría que hay ya mucha gente con tanta ansia prohibitiva que está dispuesta a reprimir los dos mayores reductos de libertad que nos restan: la mirada y el habla. Pues lo siento, pero aún quedamos unos pocos que no vamos a pasar por ese aro.

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Posted in Lecciones magistrales, Testosteronos.

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2 Responses

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  1. Rodolfo Langostino says

    Buenísimo, de principio a fin. :-D

  2. Serafina says

    Totalmente de acuerdo, hace tiempo que se me revuelve el estómago al ver a niñas montadas en tacones andando como un buzo.



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